La berrea, los montes se llenan
de quejumbrosos lamentos, por doquier brama el ciervo buscando camorra.
Sobrecoge. A mi me emociona. Y la tarde se prestaba a ello. Cielos encapotados
anunciando una tromba de agua, dando una tonalidad preciosa al monte. Aun temiendo
el aguacero, nos fuimos a disfrutar de este maravilloso espectáculo Miguel, mi hijo Jaime y yo. En Cantillana habíamos
quedado con Raúl Rodríguez, Juanjo Domínguez y su hijo Dani, que nos servirían
de guías en este día. Raúl y Juanjo son dos excelentes fotógrafos que los une una misma pasión, la naturaleza.
Cuando llegamos a la finca eran
la una y media, comimos algo e iniciamos la marcha. La finca aunque privada, la
cruza una vía pecuaria que une Cantillana con El Pedroso y si no te sales del
camino no tendrás ningún problema con los guardas que te vigilan
constantemente.
El primer tramo es durillo, sobre
unos tres kilómetros de ascensión sin ninguna zona de descanso. En este tramo
no pudimos ver ningún animal, pero si se les escuchaba berrear por todos lados.
Al fin llegamos a una zona llana
de campos ralos con encinas y alcornoques, y como si de un anfitrión se tratara
apareció el precioso venado que tengo aquí fotografiado. El animal llego
despacio nos observo un rato y se tumbo. Nosotros comenzamos a disparar
nuestras cámaras y nos sentamos también. Al ver que el animal no se movía nos
fuimos acercando un poco y tomamos posiciones. Los ciervos berreaban por
nuestro alrededor y al poco tiempo entraron dos ciervos mas, pero no del porte
del que, sin inmutarse, teníamos delante. También hizo presencia un jabalí, que
mantuvo las distancias. En el cielo, los buitres leonados y un solitario buitre
negro volaban encima de nosotros. También lo hicieron una culebrera y tres abejeros.
Un agateador no paraba de saltar por los
troncos de las encinas que teníamos enfrente.
Después de hora y media con el bicho a menos
de cuarenta metros nuestros, después de tomarnos el bocadillo tranquilamente
sin que el animal se coscara, decidimos acercarnos un poco mas, ahora si se
levanto y se alejo despacio.
Ya eran las siete de la tarde y pudimos ver algunos ciervos más y algún que
otro jabalí. Cansados nos fuimos despacio, esta vez cuesta abajo, menos mal,
con un atardecer precioso lleno de nubarrones.
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Jaime con Raúl iniciando la caminata |
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Pantano de los Melonares |
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Jaime, Miguel y Raúl |
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La llegada del pavo |
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No dejaba de observarnos |
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Otro venado bastante mas joven |
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Este jabalí no quiso acercarse mas |
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El ciervo en todo su esplendor |
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Miguel, Juanjo y su hijo Dani |
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Majestuoso se retiro despacio. |
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Otro jabalí |
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Miguel |
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Precioso constraste de azul y verde |
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El cielo parecía arder |
Espero que volvamos otra vez,
desde luego merece la pena la caminata, y por supuesto la compañía de Raúl y
Juanjo, y que decir de su hijo Dani, que pese a su corta edad, solo siete
añitos, se porto como un machote aguantando la marcha.
Écija, 1 de octubre de 2012
Pablo
Reina.